la imagen arde propone un espacio donde la cultura sorda se transforma en lenguaje escénico. A través de relatos personales, los intérpretes transitan entre lo individual y lo colectivo, reivindicando identidades históricamente marginadas. La obra plantea modos alternativos de percibir y habitar el mundo, donde lo público y lo privado emergen como territorios de resistencia y afirmación.
Desde la comunidad sorda, la propuesta es también una mirada política y estética, invitando a desafiar los sentidos y a comprender la sordedad como un territorio de transformación.